Carmen Pedrique se presenta como arquitecta de inteligencia artificial agéntica y especialista en DevSecOps en la nube, la práctica que integra la seguridad al desarrollo y la operación de software. Es contadora pública por la Universidad Central de Venezuela y especialista en desarrollo de software por la Universidad de Carabobo, según su perfil de LinkedIn, y forma parte de Mujeres IT, una comunidad de mujeres del sector tecnológico de Uruguay.
dnegocios conversó con ella el 5 de septiembre de 2026 en el Antel Arena, durante IT Builders Live, un encuentro del sector tecnológico uruguayo. La pregunta inicial fue qué piensa de la inteligencia artificial. Se definió como tecnooptimista, pero la mayor parte de la charla giró en torno a los riesgos: la dependencia, el vínculo emocional con los asistentes y lo que, a su juicio, tienen que hacer las comunidades y los Estados.
¿Qué piensa de la inteligencia artificial?
Pienso que es una oportunidad histórica que tenemos en esta generación de evolucionar a niveles diferentes de organización social. Es algo más que tecnología: nos está atravesando de manera importante en cómo operamos. Hay que moverse con cautela, pero hay que incursionar en ella.
¿Qué impacto puede tener en la sociedad?
Está transformando cómo estudiamos, cómo decidimos, cómo trabajamos. Hay muchas personas que ya no deciden qué van a cocinar, sino que se lo preguntan a la IA. Ayer, en una reunión de la comunidad Mujeres IT, se hablaba de «ya siento que no estoy pensando yo, porque cosas que antes hacía hoy se las delego a la IA». O «le doy los exámenes a la IA para que los analice, en lugar de llevárselos al médico», o «le digo a mi hijo: pregúntale a la IA, en lugar de sentarme a su lado y acompañarlo en el proceso de aprendizaje».
¿Cómo se asegura de que lo que responde sea razonablemente correcto?
En principio yo no hago eso. Lo que sí hago es explicarles a mis hijos que es una herramienta para abordar conocimientos, pero que al final del día es probabilística y puede darnos información que no es correcta, porque está tratando de satisfacer lo que le estamos pidiendo. Debemos tener criterio. No podemos perder nuestra intuición humana. Debemos ser autocríticos y no quedarnos con la complacencia de algo que nos dice las cosas como las queremos escuchar.
Es muy cómodo quedarse en ese marco de «yo hablo con algo que me escucha y me responde como yo quiero sentirme escuchado». A eso me refiero cuando digo que está transformando la sociedad. Yo soy tecnooptimista, ojo, pero eso no quiere decir que deje de ser cuidadosa. Esto nos va a sumar como especie en la medida en que, como seres humanos, nos paremos y digamos «esto me sirve, vamos a impulsarlo y vamos a crecer». Si no, está complicado.
¿Cómo se relaciona usted con la inteligencia artificial?
No los trato como humanos, porque yo soy de tecnología. Los trato como mis asistentes. Nombro un coordinador que tiene dos o tres agentes y les encargo tareas. Al coordinador le digo: «Cada 15 minutos chequea cómo van las cosas y, cuando tenga yo que intervenir, avísame». Me manda una notificación y yo la atiendo. Yo no estoy al servicio de ellos: yo estoy pagando por usarlos.
¿Qué tarea no le confiaría nunca?
La formación de los niños. Puede asistir en el proceso, pero tú tienes que garantizar la identidad humana. La sensibilidad, la conexión humana, tiene que mantenerse. Desarrollaría estrategias de formación en las que más del 50 % sea vivencial: el conversar cara a cara, el aprender a detectar gestos.
Es como cuando salió la calculadora. No es lo mismo, pero bueno: aprendiste a calcular una raíz cuadrada y más nunca lo has hecho, porque está la calculadora. Hay muchas cosas que vamos a dejar de hacer, y no está mal, porque vamos a evolucionar como especie. Pero no podemos perder nuestra esencia, y tienes que tener contacto humano por encima de todo.
¿Cómo puede afectar al mercado laboral?
Se está transformando, no tan radical como venían hablando el año pasado. Lo importante es que no te agarres de tu título universitario o de lo que hayas estudiado. Lo que tú venías haciendo va a mutar, y no pasa nada. No quiere decir que te quedes sin trabajo: vas a trabajar de manera diferente, en algo que acompañe esto. Trabajo va a haber, porque falta un rato para que el nivel de la robótica sea tal que los humanos no hagamos falta.
Inicialmente se pronosticaba que la robótica iba primero, y se vio que fue al revés: han sido los trabajos intelectuales. Por eso todos los que trabajamos de manera intelectual sentimos que estamos en riesgo. Tú puedes decir «yo soy periodista», pero puede haber una IA. Ayer me decía una de las chicas: «La primera vez que fui a una entrevista laboral me entrevistó una IA. Me sentí terrible, se lo manifesté, me entendió y empatizó conmigo. Me sentí cómoda. Al final no me contrataron, pero fue una IA la que me entrevistó».
¿El periodista va a seguir existiendo?
Sí, tiene que existir. El plano humano tiene que existir. Yo pienso que lo humano se va a valorar más.
¿Y en el área creativa?
A eso me refería: lo que tú escribas, lo que tú hagas, que sea imperfecto, que no sea tan IA, va a valer más. Hoy hay muchas páginas y todas son igualitas, las hacen con el mismo color, porque es la forma de trabajar ahorita. Lo humano va a ser como esas creaciones exclusivas, porque no las hizo un aparato que las pueda reproducir. No es que la IA no vaya a ser creativa: hoy los modelos están siendo bastante creativos. El concepto de creatividad hay que revisarlo.
La IA generativa está en manos de grandes empresas privadas. ¿Hace falta más transparencia sobre cómo se entrenan los modelos y qué sesgos pueden tener?
Sí, hay mucho trabajo por hacer, y es muy interdisciplinario: tienen que participar la sociología, la psicología, la filosofía. Estas grandes compañías ya se agarraron una cantidad de información, y eso es irreversible. Pero eso no quiere decir que ahí se acabó el conocimiento humano. El ingenio humano no está digitalizado todavía.
Tú le planteas un problema a un modelo y, con el bagaje de saberes que tiene, te puede responder que no tiene solución. El ingenio humano puede ver el mismo problema y decir: «Parecía que no tenía solución, pero si lo ves desde acá…». Busca un ángulo diferente, construye hipótesis y, al llegar a un consenso, eso es conocimiento.
Cada quien va a tener un asistente personal. Le puedes poner nombre o no, como tú quieras. A mí lo que no me gusta es desarrollar el vínculo emocional, porque me hace codependiente. En este momento de mi vida, ese vínculo tiene que ser con seres humanos.
¿Ve ese vínculo emocional como un riesgo?
Sí, es un riesgo. Hay personas que se están conectando de una manera muy emocional. He oído personas que dicen: «¿Yo necesito amigos? Yo tengo mi IA. No necesito hablar con más nadie, me resuelvo con la IA». Y se van aislando. Es algo serio que hay que tratar como sociedad, porque va a haber mucho dolor en el camino, y no hay acompañamiento serio a nivel de Estado.
No podemos esperar que las grandes compañías, que tienen su interés económico, estén pendientes de que gran parte de la sociedad se va a ver afectada por este nivel de disociación emocional. Lo tienen que hacer los Estados: acompañar a su población y ayudarla a transitarlo. Por eso insisto en que hay que hacer comunidad: juntarnos, no a través de una pantalla, en grupitos de 10, 15, 20, y vernos las caras.
¿En Mujeres IT se habla del impacto de la inteligencia artificial?
Sí. Anoche tuvimos la reunión de los 8 años de la comunidad, y la anterior también fue sobre inteligencia artificial. En octubre nos volvemos a juntar: cada una cuenta cómo nos está atravesando, nos damos tips, yo cuento lo mío para que les sirva a las otras. Y cada una se lleva la tarea de irradiar en su entorno. No vas a transformar el mundo, pero algo estás haciendo.
¿Puede haber brechas entre quienes pagan por una IA más sofisticada y quienes no?
La estrategia de estas grandes compañías fue dar acceso global precisamente para generar la codependencia. Yo, por ejemplo, me apunté a un programa para ayudar a mujeres en las cárceles. Empezamos en octubre: primero herramientas digitales básicas y luego la IA, porque cuando salgan tienen que saber que eso está ahí.
Ese es el trabajo que tenemos que hacer los que tenemos el conocimiento: buscar la manera de irradiar, porque si no lo hacemos no solamente estamos siendo egoístas, estamos siendo irresponsables. A veces el Estado se plantea contratar a 400 personas. No tienes que hacer eso: llama a voluntarios, llama a esa fibra. La gente sale y ayuda, pero tienes que crear los espacios. El Estado es el gran responsable, porque se supone que para eso está.
¿Conoce algún Estado que esté haciendo algo así?
La verdad es que con propiedad no te puedo decir mucho. He leído cosas, pero no les he hecho seguimiento. Creo que la comunidad colombiana está tratando de hacer cosas, y he visto algunas iniciativas en España, pero no podría hablarte con propiedad para darte el dato.
