En marzo de este año abrí por primera vez una conversación con una inteligencia artificial para algo más que una consulta suelta. No sabía ni sé programar, aunque aprendí mucho sobre las buenas prácticas del rubro. Soy arquitecto, egresé de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) en 2016 y trabajo en obra desde 2008. Desde 2018 ejerzo la profesión de forma independiente y exclusiva junto con mi pareja, Sofía, en el estudio que llamamos Habitare. Hoy sostengo algo que hace ocho meses me sonaba exagerado: un estudio de dos personas puede tener a su disposición un equipo entero de especialistas por un costo apenas mayor que el de una suscripción a Netflix.
Hablo de asistentes que entienden normativa, redactan correos, ordenan archivos, transcriben reuniones y dibujan planos, todo adaptado a la metodología y a la estética del estudio. En setiembre registré más de 800 sesiones de trabajo con estos colaboradores. Hoy pasan de 1.000, porque cada sesión se ramifica en sesiones nuevas.
Lo que cambió en el escritorio
Mi rutina administrativa pasó de producir a controlar y pedir cambios o ajustes en documentos, planos e imágenes. En las tareas en las que medí el tiempo, el ahorro fue de entre 60 y 75 %.
El mayor impacto lo noté en el software. Durante años busqué programas que se adaptaran a mi rutina y casi siempre terminé adaptando los procesos al programa. Hoy, en el tiempo que nos queda libre, construimos herramientas específicas para el estudio y las modificamos a nuestro ritmo y según lo que necesitamos.
Un ejemplo: las reuniones con clientes se graban en el estudio, y una aplicación que armamos las transcribe y separa quién dijo qué. La transcripción y el resumen se procesan en nuestra computadora, sin conexión a internet y sin exponer datos del cliente. Una reunión de una hora y 43 minutos se procesó casi tres veces más rápido de lo que duró.
Otro: pasar a AutoCAD la foto de parte de un plano municipal de 1943 que se necesitaba intervenir. El asistente hizo 11 preguntas y en unos 30 minutos el plano estaba dibujado con las capas del estudio, diagramado en distintos tamaños de hoja según las normas ISO y con nuestro rótulo. Lo que no pudo confirmar del original quedó marcado con notas claras, como duda o medida a confirmar, sin inventar nada. A nosotros digitalizar y diagramar ese plano nos hubiera llevado un par de horas.

Antes y después: la foto del permiso municipal de 1943 y el plano digitalizado en AutoCAD. Imagen: Habitare.
Para un estudio chico, eso se traduce en horas. Las horas que antes se iban en tareas repetitivas ahora van al proyecto, a la obra y al cliente.
Lo que no hice tan bien
Quise inventar todo desde cero. Me llevó un tiempo entender que la rueda ya existe y que muchas veces es gratis: hay herramientas de código abierto que resuelven buena parte de los sistemas que intenté crear por mi cuenta, como las que miden el tiempo de trabajo sobre un archivo, los grabadores de pantalla o los conversores de archivos a texto. Ese tiempo lo hubiera ahorrado buscando antes de construir.
Siempre procuré mantener el escepticismo y avanzar con cautela para no tropezar. Al principio me preocupaban los hackeos y la idea de una inteligencia artificial fuera de control borrando archivos de mi computadora. Hoy pruebo los modelos nuevos en entornos controlados, con contenedores y limitando su alcance, y de a poco les voy abriendo más puertas. Antes de que se modifique un archivo, queda respaldado en un lugar al que la inteligencia artificial no tiene acceso.
Por eso mi entusiasmo tiene reservas. Estas herramientas se equivocan, a veces con mucha seguridad, y el trabajo de controlar lo que hacen sigue siendo nuestro.
Por qué empezar ahora
A un colega o a una pyme que todavía no empezó le diría que el mejor momento es ahora. Esto evoluciona día a día, y aprender de a poco es la mejor manera de no quedar en cero cuando manejar estas herramientas sea un requisito excluyente para que te contraten o para trabajar por tu cuenta.
La barrera de entrada hoy es muy baja. Lo que lleva tiempo es entender cómo adaptarlas a la forma de trabajar de cada uno, y esa parte, aprendida hoy, ahorra unos cuantos dólares en ensayos y errores mañana.
En esta columna voy a contar, cada viernes, qué pruebo en el estudio, qué funciona, qué no y cuánto cuesta.




