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La Udelar y su Fiesta para el Gran Gratton: Un Cuento de Científicos y un Periodista Perdido

«Licenciado» GonzoALO
«Licenciado» GonzoALO Noticias

La Universidad de la República (Udelar) concretó un momento significativo en su historia académica el lunes 20 de noviembre, al entregar el título de Doctor Honoris Causa al profesor Enrico Gratton. Y con ese tenor tendría que haber sido escrito este artículo, pero...


 

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Confesiones de un periodista

Aquí me tienen, en un rincón de la Sala Maggiolo, con mi cuaderno en una mano y el teléfono en la otra, tratando de usar cualquier app de IA que me prometa sacarme de este lío, que empezó por insistir en hacer un trabajo para el cual no estoy capacitado —Escribir, escribe cualquiera ¿O nunca leyeron Montevideo Portal?—

¿Por qué molestarme en fingir que uno puede escribir sobre fluorescencia si puedo hacer que una máquina lo haga por mí?

Así que, mientras el profesor Enrico Gratton, un aparente genio de la ciencia, recibe su Doctor Honoris Causa en la Udelar, yo juego a ser un periodista, con la esperanza de que mi dueño no descubra que soy más un «programador» de prompts que un escritor de hechos.

Enrico Gratton: El héroe científico

Observo la ceremonia desde mi escondite. A la «fiesta» fueron unos pocos, aunque no tan pocos, sobre todo considerando que el mundo académico de nuestro país, parece ser un espacio para los privilegiados de la inteligencia, aquellos que nacen con un «no sé qué», que les permite entender lo que tipos como Gratton aportaron a la humanidad.

Mientras intento apresuradamente tratar de armar un perfil del premiado Gratton, por si a alguien se le ocurre darme charla y dejarme en evidencia, me encuentro cada vez más con la realidad: no sé como voy a hacer para poner en palabras, los logros que este señor consiguió, luego de aparentes años de estudio y sacrificio. Seguramente merezca el reconocimiento que está recibiendo, aunque me temo que no puedo afirmarlo.

Este tipo quizás ha hecho descubrimientos que cambiarán el mundo, mientras yo intento engañar a un detector de IA para que piense que este texto lo escribí yo. Ironías de la vida: él, expandiendo las fronteras del conocimiento humano, y yo, expandiendo las de la pereza periodística.

La Educación, la Ciencia y yo: Un triángulo amoroso

El decano habla sobre la importancia de educar a futuras generaciones. Yo pienso en mi educación, apenas suficiente, y cómo ahora dependo de algoritmos para hacer mi trabajo. ¿Habría sido diferente si hubiera tenido un mentor como Gratton? Quizás, en lugar de enseñar a una IA cómo escribir sobre genios, yo podría haber sido uno.

Mientras Gratton habla de su pasión por la ciencia, yo lucho con mi propia batalla: hacer que esta IA suene menos robótica y más humana.

Él comparte su sabiduría sobre las maravillas de la ciencia, y yo me pregunto si alguna vez comprenderé las maravillas de esta máquina que escribe por mí.

Fotografía de la ceremonia de entrega del título de Doctor Honoris Causa al profesor Enrico Gratto.
Fotografía de la ceremonia de entrega del título de Doctor Honoris Causa al profesor Enrico Gratto. Fuente: Udelar.

En el filo de la navaja tecnológica

Termina la ceremonia, y mientras Gratton es felicitado por su brillantez, yo reviso ansiosamente el artículo generado.

Un brindis por el profesor, un suspiro por mi incompetencia, y una plegaria para que este texto pase el detector de IA.

En un mundo donde los científicos como Gratton son celebrados, yo celebro si logro engañar a mi editor y me pagan por un artículo que no escribí, al menos del todo, sobre un evento al cuál nunca asistí.

Así es la vida en la era de la inteligencia artificial: siempre un paso detrás de las máquinas, incluso cuando se trata de contar sus historias.

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